Detrás de Karen O

“Es realmente irónico que un montón de gente esté hablando de mi peinado... ¡hago música!” – Karen O
Grita, patalea mientras intenta comerse el micrófono, agitándose sólo unos segundos después, preparando un gran buche de cerveza que inmediatamente salpica a sus más fervientes seguidores, al instante Karen O revienta un "más es mejor”, recriminando esos malos revolcones en la cama. Su cara enmarcada por una maraña de cabellos acompaña estratégicamente su vestimenta: O simplemente es el retrato de la infamia en el rock, luciendo orgullosa una camiseta desgarrada, que al mismo tiempo pretende ser punk y etiqueta de chica baratona.

Su actitud la coloca en el lado opuesto de la virginal Meg White, Karen O es cada cliché negativo con ciertos toques de ebriedad que rayan en la genialidad. Las historias detrás del escenario, incluyendo ciertos encuentros con Courtney Love y el registro de los camerinos de Clinic, demuestran que su apariencia no es solamente una pose que la convirtió en una de las vocalistas más llamativas de cierto momento, su imagen claramente trasciende más allá de la música de Yeah Yeah Yeahs.


Su historia como rock star sólo tiene tres años, pero ha avanzado a grandes pasos. Cuando formó el grupo con Brian Chase y Nick Zinner, lo más cercano a la fama era no ser agredidos en los oscuros y sucios clubes donde se presentaban, luego apareció Jon Spencer Blues Explosion y los catapultó fuera de Nueva York, convirtiéndolos en la gran promesa indie que fue bastante atractiva para un montón de sellos grandes.

ICONO SEXY Y SUCIO
“La ventaja de todo esto es que empezamos atener más atención, sólo por que soy una mujer en una banda de rock y porque hago todo en mis propios términos... Cuando estamos de gira sólo soy yo y otros 40 tipos, creo que eso es más excitante para los fans”, explica Karen O. “Empiezas a tener la atención incorrecta, empiezan a ponerte en un pedestal, convirtiéndote en un objeto y ese tipo de cosas”. Por eso no es de extrañarse que en las entrevistas en las que no participa la vocalista, es común ver la pregunta ¿Karen O es tan caliente cómo parece ser?. Sin embargo el icono sexy, sucio y capaz de ponerte una golpiza es tan sólo una dimensión del personaje.

Antes de convertirse en la exitosa vocalista de los Yeah Yeah Yeahs, Karen Orzalek se desempeñaba como la hija de un polaco y una coreana asentados en Ohio. Algunos dicen que siempre fue bastante extraña, otros cuentan que su explosiva personalidad se concretó hasta su llegada a la Universidad de Nueva York para estudiar cine.

Su primer encuentro con Zinner fue en estado de ebriedad, sin embargo el alcohol aún le pegaba tan fuerte porque le propuso formar un grupo. Después de la resaca y recordar lo que había hecho la noche anterior, surgió un dueto de “balada soft rock que mostraba nuestro lado sensible” y que llevaba el nombre de Unitard. El estilo no funcionó y reclutaron a Chase, tocando en cualquier hoyo oscuro como los Brownies, Northsix, Luxx y finalmente Yeah Yeah Yeahs. Ocho horas de ensayos al mes les bastaron para convertirse en una de las cabezas de la nueva escena neoyorquina.

EL PAPEL DE DOMINATRIX
Desde que apareció su primer EP Karen O inició su camino hacia la notoriedad, la portada del disco mostraba el cuello de Karen O con una brillante gargantilla con la palabra “Master”. Cinco canciones y múltiples gemidos estridentes después, muchos creyeron que una dominatrix estaba lista para tomar el mundo y frotárselo en el cuerpo. Pero Karen O no quiso encajar en la etiqueta, contó la calentura y prefirió aplicar su carga sexual a sus propios dedos, al micrófono y hasta a una cucaracha en el vídeo de ‘Pin’.



Esa imagen extrovertida es la atrajo a la revista Playboy, pero O simplemente dijo que por el momento no mostraría nada: “no habrá tetas, penes o excitaciones”. La invitación a gemir rítmicamente “yeah, yeah” es clara en cada uno de los tracks de su debut Fever To Tell, sin embargo una vez que se baja del escenario Karen O se transforma y se cubre de timidez, mostrando la otra dimensión, la cara que no llama la atención.

En unos años de trayectoria de Yeah Yeah Yeahs, la ropa no ha cambiado, O siempre luce su uniforme de princesa punk, dispuesta a “representar” su papel en el escenario. Christian Joy fue la encargada de crear esa imagen, que se convirtió en una moda que hasta las conductoras de televisión más sosas adoptaron, claro sin conocer a la mujer que se embarra aceite o cerveza para verse más caliente. Joy “es mi mayor cómplice. Estamos en esto con esa actitud de ‘buscar y destruir’, empujar todo hasta el límite y ver que podemos obtener. Hace ropa que realmente me puede meter en el personaje y mantenerme interesada en mi representación”.

Es sorprendente el ejercito de clones de Karen O que aparecieron en la calle, dejando fuera de contexto la imagen del grupo algunas veces. “Tienen el mismo peinado, la misma ropa, el mismo maquillaje. Es como estar frente a un mar de caras que me recuerdan a mí”, se burla Orzalek. La vocalista tiene todo bastante claro, simplemente encarna a un personaje vestido para apantallar, en cuanto se baja del escenario cuelga el disfraz y vuelve a ser una ente introvertido que te recuerda físicamente a Marilyn Manson cruzado con Chrissie Hynde. En ese momento Yeah Yeah Yeahs abandona la etiqueta de art-rock, banda precursora de moditas y recupera su esencia: “Básicamente, sólo formar una banda y tocar en algunos conciertos”.



ALGUNOS DATOS
- ‘Our Time’ – El corte no sólo cuenta con una línea que define la fama de Yeah Yeah Yeahs (“es el año para ser odiado”), también cuenta con una de los actos de Karen O que requirió más práctica. La representación ahora sólo cuenta con una rico baño de cerveza, pero en un principio era aceite de oliva Goya. “Quería verme tan húmeda como fuera posible. Tuve que dejar de hacer eso por que era imposible lavarme”.

- Aunque la música de Yeah Yeah Yeahs recuerda a Velvet Underground, Blondie, The Ramones y Sex Pistols, las influencias musicales primigenias de Karen O son ‘Silent Lucidity’ de Queensryche, algunas canciones de Paula Abdul y Faith No More.

Publicado originalmente en la revista Rock Stage

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